lunes, 28 de julio de 2008

En semana santa

Estaba mas atento en sus dedos de profesión malabarista que en lo que fuera que estaba rezando, no podía concentrarme en otra cosa que sus largos dedos blancos de porcelana  jugando con el cigarrillo ¿ por que no lo fumaba ? solo jugaba con el y nada mas, se llamaba Luisa y se empeño en relatarme los pormenores de su viaje a Los Angeles, no se que le izo pensar que me interesaría su travesía en los Estados Unidos.

- te encantaría ir, junta un dinerito y nos vamos 
- ¿ para que prendes un cigarro si no lo vas a fumar ?
-  ¿ tienes pasaporte  ? 
- solo estas pasandolo entre tus dedos 
- los centros comerciales están grandísimos
- el cenicero esta lleno y tu solo te as llevado el cigarro a la boca tres veces 
- me gaste mas de lo que debía pero compre cosas súper padres
- ¿ me regalas un cigarro?

Ella tenia el pelo castaño, era dueña de unas nalgas discretas del color de la leche, unos hombros salpicados de pecas, y  un pasaporte  donde aparecía a la edad de 19 años con una nariz mas pequeña y una expresión carente de vida. No era mi novia y no era una amiga,  simplemente era la mujer que me dejaba revolotear entre sus piernas a cambio de un poco de atención y un café entre semana. Detestaba estar sentado oyendo  hablar a esa mujer que no fumaba pero se empeñaba en tener un cigarro en sus dedos, sin poder parar para escucharme, sin embargo me moría de pánico cuando pedía la cuenta. 
Después de haber apagado su cigarro se paro, tomo unos papeles tan firmes y tan blancos como su piel y me dio un beso en el cachete. 

- Oye Ignacio, ¿ puedo pedirte un favorsote ?
- ¿ que necesitas ?
- mi coche no circula hoy y el metro va atascado a esa hora, aparte esta muy feo por mi casa en la noche ¿ me puedes recoger cuando salga de trabajar ?
- ¿ A las 8:30 esta bien ?
- como a las 8 

Después de pagar la cuenta al mesero de cara morena que cada semana me preguntaba que como había estado mi café  me pare y me fui a mi casa  feliz, me excitaba tanto la imagen de Luisa en la noche esperando con sus tacones negros mientras que sus compañeros se iban yendo uno por uno, me la imaginaba encabronada tomando un taxi que la dejara en la estacion del metro Chilpancingo, bajando y subiendo escaleras transbordando, atrapada entre brazos, piernas y portafolios, la retrate en mi cabeza  tan asustada, caminando  rápido y oyendo las porquerías que le gritaban afuera del metro Zapata, asta tuve una erección al imaginarlo. Y esta noche yo dormiría tan pleno. Mañana empezare a hacer cuentas, a buscar mi pasaporte y mi visa, pediré un préstamo, le rogare que me perdone por no haberla recogido y la convenceré de que vallamos a Los Angeles en semana santa.