sábado, 4 de octubre de 2008

Arselia mi madre.

 No recuerdo su olor, ni su sason, ni siquiera recuerdo bien su cara, sin embargo me acuerdo de sus manías , esas manías rutinarias que la hacían la tan mi madre. Los sábados en las mañanas las tres bocas del matrimonio disfuncional se despertaban por el estruendo que vomitaba un viejo reproductor de vinilos Sony,  Arcelia era la responsable, tenia solo un vinilo, 
-Roma con Amor - ,   acordeones desordenados que silenciaban los gritos de la calle, y se escabullían a los rincones de las casas vecinas, como odiaba oírlo toda la mañana asta que ella, apurada, salía al mercado a comprar fruta , como odiaba la paciencia de mi madre, odiaba a mis dos hermanos  y odiaba el pan dulce que nunca faltaba en la mesa. Los ojos de aquella mujer de paciencia infinita y de manos olorosas a crema, no se cansaban de ver cada noche a sus hijos peleando, ni las telenovelas llenas de dramatismo burgués, ni siquiera les molestaba ver a mi padre, flaco asta los huesos, morirse lentamente. Mi madre murió a causa de un  coagulo cerebral, una muerte estúpida pero discreta. 
Mi padre murió un mes después, el doctor aseguro que fue por una insuficiencia renal, pero yo se que fue por que dejo de ir acordeones los sábados por las mañanas.
El mes que viene se cumplen 23 años de su muerte y ya no me duele tanto el no recordarla, después de todo solo era mi madre.

1 comentario:

Olin Garcés dijo...

chacaboom que dificil quemar las naves, aunque se trate de algo tan castrante, ausencia que determina una soledad tan inevitable e inutil...felicidades hommie, que buen relato...o anecdota...