jueves, 14 de agosto de 2008

Solo soy un hombre decente.

Mi piso olía a maestro limpio, los vidrios de mi ventana a windex y las manos de Mariana a cloro.
Esa tarde esta maligna mujer de cabellos negros se empeño en limpiar mi desorden, ella tiene una conciencia tan negra, que intenta equilibrar la balanza limpiando la suciedad de otros puercos, ¿ que se le puede hacer ?, vivimos en estos tiempos donde evitar que otros se atasquen en su inmundicie es lo correcto. No me molestaba que barriera alrededor de mis muebles, lo que en verdad me indignaba era el modo que le imprimía a sus actos, como si respirara un aire purgatorio, de cualquier manera yo no seria la persona que le impidiera sacudir mi escritorio, no podría, no debería , por mas malestar estomacal que sus rutinas me provoquen. Me comportare como un hombre decente y le seguiré haciendo el  favor de dejar las colillas de mis cigarros en el suelo y dejar que el cochambre se acumule en mis sartenes. 

1 comentario:

Olin Garcés dijo...

y siempre cargaremos con el recordatorio de moldearnos, no adaptarnos, moldearnos a lo que los otros quieren/necesitan, y es que nos compete despues a nosotros el moldear a ellos, dejando colillas en el suelo y dejando que se llene de cochambre el sartén y ellos odiaran ese hecho pero se comportaran como hombres decentes y terminamos en el cuento de siempre de Mariana con olor a cloro en sus manos...